Skip to content

El buque fantasma … redivivo

May 15, 2018

(ver el suplemento de esta pág. en https://reyaller.wordpress.comcon una secuela del presente post reyaller.wordpress.com/2018/05/22/del-buque-fantasma-al-holandes-errante)

Aduciendo plausibles motivos de economía familiar y educación estética, mamá censuraba el inmaduro interés que en mí suscitaba la “literatura de kiosko”,  virtualmente inspeccionada y en escasas ocasiones adquirida mientras aguardaba en las estaciones la llegada del tren, de ida o regreso entre el hogar y la escuela. Ella tenía para esos libritos la denominación genérica de “diese Schmöker”, vocablo que desde aquel tiempo no había vuelto a oir hasta que la benemérita web digital y el azar lo resucitaron en la memoria. Un semitono despectivo se insinuaba en la pronunciación materna, que lejos de desincentivar mi atención sobre tales impresos, la activó hasta el extremo  de sacrificar en su compra los pocos peniques, rupias o centavos que me habían dado para el chocolatín de cada día.

Traducciones actuales de Schmöker le asignan la equivalencia de “novelón” (con el inocente subentendido de “narración sentimental”) y hasta dan cuenta del verbo “schmökern” con el significado de “andar hurgando en cuanta novela esté a mano”. En vocabularios alemanes registro:

der Schmöker m. ‘altes Buch, anspruchslose Unterhaltungslektüre’. (18. Jh.), Schmäucher (19. Jh.) ‘dickes altes Buch’ ist zunächst ein Ausdruck der Studentensprache, gebildet zu nd. smōkensmökenschmöken, nhd. ↗schmauchen ‘rauchen’ (s. d.), vgl. nd. Smöker ‘Raucher’. Die Bedeutung entwickelt sich wahrscheinlich im Zusammenhang mit der studentischen Gewohnheit, im Übermut Seiten als Fidibusse zum Anzünden der Pfeifen aus alten Büchern herauszureißen; vgl. schwed. lunta ‘Lunte’, dann auch ‘dicker Schmöker’.schmökern Vb. ‘viel und mit Genuß lesen, geruhsam in Büchern herumlesen’, anfangs ‘alte, schlechte oder unwissenschaftliche Bücher lesen’ (19. Jh.).

der Fidibus m. ‘(gefalteter) Papierstreifen zum Anzünden des Feuers, vor allem der Pfeife’ (17. Jh.), Wort der Studentensprache unsicherer Herkunft. Der Ausdruck wird aus der Interpretation eines Verses von Horaz erklärt: et ture et fidibus iuvat placare … deos ‘mit Weihrauch und Saitenspiel laßt uns die Götter besänftigen’, wobei scherzhaft tūre (Ablativ Sing. von lat. tūs ‘Weihrauch’) als ‘ Tabaksqualm’ und fidibus (Ablativ Plur. von lat. fidēs ‘Saite’) als ‘Pfeifenanzünder’ gedeutet wird. 

-o-o-

   

Intentaba mi madre vedar al hijo el contacto físico y “espiritual” de esos panfletos patibularios con formato de libros, cuya existencia en ciertos escaparates mal afamados ya había podido comprobar en algunas sentinas corruptoras de la Alemania de posguerra, donde debió de haberlos “olido” en su weimariana juventud.

Y no toda esa mercancía era deleznable en su valor intelectual, aunque yo solo la deseaba como secreta fuente de entretenimiento.  Si bien el estilo barroco de un Vargas Vila o las reescrituras freudianas de un Gómez Nerea  me resultaron abstrusas – y por ello fueran desechadas –, lograron inmediata aceptación las novelas de Salgari, la baronesa de Orcy, Ngaio Marsh, Conan Doyle…  y otras de su ralea, mal encuadernadas y peor traducidas, pero aptas para alimentar la imaginación. Por fortuna o no, el relevo de géneros,  temas y lugares de merodeo  libresco acaeció apenas traspuesto el umbral de la “secundaria” por influjo de Lucinda Centenaro, meritísima profesora de Historia a cuya incitación debo el primer atisbo de Homero en la anticuada y fascinante versión de José Gómez Hermosilla.

Pero no abandono aún la zona de los “Schmöker” donde quedé anclado con cadenas sentimentales, pues  quizás entreabra más vastos escenarios narrativos y poéticos. No faltaron en mi etapa de los Schmöker  relatos marineros, en especial los de piratas, filibusteros y corsarios, todos de algún modo queribles por su cabal heroísmo y ocasional hidalguía. Si otras gravosas circunstancias no lo hubiesen estorbado, la impronta mental de esas lecturas habría florecido en una profesión de navegante, sin que bastaran a impedirlo descripciones y noticias veraces de naufragios, miserias y maltratos sobre destartalados navíos, hambrunas y motines a bordo, impactos letales contra témpanos, fiebres diezmadoras de tripulaciones y pasajeros. La destitución de ese ensueño pudo engendrar una sobrecompensación desmesurada: el fascinador atractivo producido por una subespecie de esos relatos, cuyo contenido se resume en locuciones como das Gespensterschiff das Geisterschiff – das Totenschiff.

  

Se trata de mitos, leyendas, sagas, tradiciones e informes que giran en torno de navíos que aparecen y se desvanecen  de repente  en altamar o en ciertas costas, navegando al garete, impulsados por mareas misteriosas o por imperceptibles vientos que soplan sobre velámenes hechos girones, con tripulaciones espectrales o desvanecidas de sus puestos, con mesas ocupadas por platos aún humeantes e intactos sin que se vea a ninguno de los comensales…  Se alude entonces a viejas historias del Buque fantasma, la Nave de los locos o de los espíritus, el Barco de los muertos.

Habrá ocasión de rebuscar con más holgura los restos de ancianas mitologías, en busca de relatos que aborden tramas parecidas. Los hay también para navegaciones intragalácticas, y sin ir más lejos se puede citar la que da su argumento al bello film Solaris, de Andrei Tarkovski. Narraciones de impronta social, nada idealizadoras y hasta ideológicamente reivindicativas,  reconocen un antecedente bastante próximo en la novela del poco identificable Bruno Traven titulada Das Totenschiff (1926). De ella se ha escrito: “Das TotenschiffDie Geschichte eines amerikanischen Seemanns, ist ein 1926 erschienener Roman von B. Traven. „Zwei Themenstränge ergänzen sich zum Totenschiff als Bild vom untergehenden Spätkapitalismus: die Verdinglichung des Menschen zum Schatten seiner Pässe und Berechtigungsnachweise… Der zweite Themenstrang sind die unverändert aktuellen Profit-Praktiken der kapitalistischen Seefahrt“

Valdría también emitir conjeturas, siquiera poco demostrables, acerca de las causas socioeconómicas e intelectuales que van impulsando el devenir de un “Schmöker” (mercadería literaria kioskera) hasta hacerse un libro incorporado y aceptado en alguno de los “cánones” respetables de la industria cultural, no en última instancia el “cánon académico”.

En esta nota se eluden profundizaciones. De mi adolescencia guardo en la memoria rastros sensoriales (olores, texturas, tintas de impresión) delatores de una enviciada manipulación de textos usados o nuevos, en kioskos de andenes ferroviarios y en caras librerías del centro (de cualquier “centro”). Alrededor de aventureros, viandantes (Wanderer), marinos, piratas de mar y tierra, carruajes, navíos, se ha edificado gran porción de imaginería hoy ya desplazada. Tal vez un próximo acercamiento al tema permita reconstruir itinerarios como el que va desde Frederick Marryat (The Phantom Ship, 1839)  hasta  Richard Wagner (Der fliegende Holländer, 1843). Ver el post linkeado  https://reyaller.wordpress.com/2018/05/22/del-buque-fantasma-al-holandes-errante .– 



Advertisements

From → Uncategorized

One Comment

Trackbacks & Pingbacks

  1. del Buque fantasma al Holandés errante | kalais

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

%d bloggers like this: